Agradecidas a la vida y contentas, a media tarde mi hija y yo damos un paseo por la playa sellando en un abrazo un momento extremadamente valioso que apenas podemos disfrutar tres o cuatro veces al año.Como si fueran niños, de la manga de mi gabardina tiran a la vez numerosos proyectos que quieren un trato preferencial en mi agenda. Pongo orden